domingo, 21 de octubre de 2012

CREEMOS EN UNA JUSTICIA POR ENCIMA DE NUESTRAS POSIBILIDADES

Si hay algo me repugna especialmente en estos días es escuchar, en relación a la crisis de sistema en la que estamos inmersos, la frase "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". En más de una ocasión estoy tentado de responder que eso, en todo caso, lo habrá hecho quien lo dice, y muy probablemente a mi costa, con dinero público, porque lo que es yo, nunca, he vivido por encima de mis posibilidades. Pero es tal la simpleza argumental de dicha expresión que a uno se le quitan las ganas de intentar rebatir, argumentar y explicarse. Para qué. Tiempo perdido.

La utilización desmesurada y reiterativa de la expresión (junto con otras similares) no es más que otro ejemplo de la herencia judeocristiana en nuestra cultura. Culpabilizar en vez de responsabilizar. De este modo, en vez de afrontar las cosas buscando quien es el responsable, la mácula del pecado, la culpa, se extiende sobre todos, se socializa, y la masa está dispuesta a aceptarla esperando que con dicha penitencia todo se resuelva. Ilusos.

Yo no he vivido por encima de mis posibilidades y no acepto un discurso tan vacuo y simplón. Es hora, de que  levantemos la voz ante tal falacia y pidamos cuentas a los verdaderos responsables de esta situación. Leía hoy este articulo y lo unía al tímido comienzo con unos cuantos valerosos compañeros abogados de dar respuesta pública a un grave ataque que el Gobierno y el ministro de Justicia Gallardón pretenden realizar contra la Justicia implantado tasas en el acceso a la misma.

Compruebo estos días como entre abogados y procuradores se vive con preocupación la misma, siendo plenamente conscientes de la lesión que supone al ejercicio de derechos, a la tutela judicial efectiva, a que un ciudadano pueda sentirse amparado por la administración de Justicia (para lo cual no ha de tener obstáculos para plantear sus derechos) y por tanto a uno de los poderes del Estado, y sin embargo, la sociedad, que en mi opinión está en shock es incapaz de alcanzar a entender, ni siquiera en grado mínimo, en que le afecta esta medida (como otras tantas) de implantarse.

Es hora por tanto de romper ese estado de shock. Que con energía, aunemos voluntades, que cada uno desde nuestra capacidad y limitados medios nos embarquemos en la batalla de defender los derechos individuales y colectivos (algo que un abogado debe llevar obligatoriamente en su ADN). Y que en lo que a la implantación de las tasas nos ocupa, digamos alto y claro, sin complejos, que sí creemos en una Justicia por encima de nuestras posibilidades, pues no otra cosa es tan alto valor y principio, una esperanza, un deseo de alcanzar un logro identificado con un sentido de lo justo común a la humana imperfección.

Si compartimos ese anhelo, debemos compartir la lucha contra lo injusto. Y todo lo que sea introducir desequilibrio, desigualdad, limitar el ejercicio de derechos, lo es.

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